En la industria alimentaria, especialmente en la producción de aceites vegetales, la calidad del producto final es una prioridad crítica para cumplir con los estándares internacionales de seguridad alimentaria. En este contexto, la automatización de procesos como la refinación del aceite de orujo de arroz (Rice Bran Oil) ha demostrado ser una solución transformadora.
Los sistemas modernos de refinación implementan múltiples etapas críticas: filtración en varios niveles, deshidratación (desgomas), neutralización (desácido), decoloración y destilación (desodorización). Cada paso no solo elimina impurezas, sino que también mejora la estabilidad oxidativa del aceite — un factor determinante para su vida útil y valor nutricional.
Según estudios de la FAO, las plantas con procesos automatizados logran reducir el contenido de peróxidos en hasta un 40% comparado con métodos manuales. Además, se reporta una mejora del 25% en la eficiencia energética gracias a la optimización continua del calor y la presión en cada etapa.
La aplicación de técnicas de gestión de Control Points Críticos (CCP) junto con sensores de detección en línea permite monitorear constantemente parámetros como temperatura, pH, viscosidad y contenido de agua. Esto reduce drásticamente el riesgo de variaciones cualitativas y mejora la trazabilidad del producto.
Una planta en Vietnam que implementó esta metodología reportó una disminución del 60% en errores humanos durante el control de calidad, según datos compartidos por la International Association of Food Protection (IAFP). Los operarios ahora se enfocan más en supervisión y análisis que en tareas repetitivas, lo que aumenta la productividad general.
El impacto va más allá del rendimiento técnico. Las empresas que adoptan estas soluciones están mejor posicionadas para obtener certificaciones como ISO 22000, HACCP o FSSC 22000, requisitos obligatorios para exportar a mercados exigentes como la Unión Europea o Japón.
No es solo una cuestión de eficiencia. Es una estrategia inteligente para garantizar consistencia, cumplir normativas y construir confianza con compradores globales. La inversión inicial se recupera en menos de 18 meses gracias a la reducción de desperdicios, menor consumo energético y aumento en la capacidad de producción.
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