El aceite de salvado de arroz requiere procesos sofisticados para garantizar su pureza, estabilidad y seguridad alimentaria. La tecnología automatizada desarrollada por el Grupo Pingüino integra una cadena de refinado completamente automática, optimizando la transformación del aceite mediante etapas clave como filtración multifásica, desgomado, desacidificación, decoloración y desodorización. Esta guía profundiza en cada eslabón del proceso, resaltando innovaciones en control en línea y gestión de puntos críticos que garantizan altos estándares productivos y medioambientales.
El primer paso esencial en la refinación es la filtración multifásica, que elimina partículas sólidas y residuos orgánicos residuales. Gracias a sistemas automatizados con filtros de malla fina y cartuchos reemplazables, se logra una eliminación superior al 99% de impurezas, aumentando la transparencia y calidad inicial del aceite. La presión y velocidad se ajustan automáticamente para optimizar costos energéticos sin comprometer resultados.
El proceso de desgomado elimina fosfolípidos y otros compuestos que afectan la estabilidad del aceite. El equipo dispone de un sistema de dosificación y mezcla precisa de ácidos y agua, monitorizando en tiempo real parámetros como pH y viscosidad para asegurar una reacción óptima. Esto reduce pérdidas por hidrólisis no deseada y mejora la vida útil del producto final.
En esta etapa, la eliminación de ácidos grasos libres se ejecuta mediante un proceso de neutralización eficiente y automatizado. La capacidad de mantener una temperatura constante entre 80-90°C y controlar el tiempo de reacción garantiza que el índice de acidez se mantenga por debajo del 0.1%, asegurando la calidad sensorial y la idoneidad para el consumo humano.
La decoloración se logra mediante carbón activado y tierra diatomea, seleccionados para maximizar la absorción de pigmentos y contaminantes sin dañar los nutrientes. El sistema automático gestiona el flujo y reemplazo de adsorbentes, así como la temperatura controlada (~105°C), permitiendo un rendimiento alto con un consumo reducido de materiales. La supervisión digital detecta cualquier desviación, permitiendo ajustes en tiempo real.
La última etapa elimina compuestos volátiles responsables de olores no deseados, utilizando un condensador de vacío y sistemas térmicos regulados automáticamente. Esta tecnología avanzada no solo mejora la calidad organoléptica, sino que también evita daños térmicos al aceite. Los sensores monitorean continuamente presión y temperatura para garantizar una operación segura y eficaz.
La implementación de análisis en tiempo real y gestión de puntos críticos (CCP) se traduce en una trazabilidad absoluta. Mediante sensores de pH, turbidez, temperatura y presión, así como análisis espectrométricos en línea, el sistema identifica inconsistencias al instante, minimizando el riesgo de errores humanos y optimizando la producción. Estas herramientas son esenciales para cumplir rigurosamente con estándares internacionales de alimentos, como ISO 22000 y HACCP.
Empresas líderes que han implementado esta tecnología reportan:
Estas mejoras impactan directamente en la competitividad comercial y la confianza del consumidor, facilitando la entrada en mercados exigentes.